Martes, 15 Marzo 2011 13:25

¿Cómo enseñar buenos modales en la mesa sin morir en el intento?

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¿Quién de nosotros no recuerda el eterno discurso de los modales en la mesa? “Siéntate bien; mastica con la boca cerrada; no hables con la boca llena…”. Bueno, la historia se repite, sólo que con roles diferentes: ahora somos nosotros los que damos el sermón. Y observando a nuestros hijos podemos entender por qué nuestros padres eran tan fastidiosos ¡De pequeños éramos igualitos!

 

Los buenos modales podrían definirse cómo hábitos de conducta que demuestran respeto y consideración hacia los demás. Como todo hábito, deben ser adquiridos, y las mejores herramientas que podemos utilizar para enseñarlos son el ejemplo y la repetición constante de lo enseñado, una y otra vez, hasta que el hábito se incorpore definitivamente.

 

En la mesa son particularmente importantes, ya que resulta bastante desagradable comer arrinconado entre los codos de los que nos rodean, observar como la comida cambia de aspecto a medida que nuestro interlocutor habla con la boca llena, o escuchar el particular sonido que produce la sopa al sorberse. En la mesa, los buenos modales permiten que la comida sea más placentera, tanto visual como auditivamente. Por eso es tan importante que nuestros hijos los aprendan.

 

bebe¿Cuándo empezar?

La formación de buenos modales en la mesa comienza con el proceso de destete del bebé. A medida que va creciendo, va desarrollando habilidades motoras que le permiten ir adquiriendo paulatinamente la capacidad de alimentarse por si solo. Mientras practica, aprende y una vez experto en las artes de meterse la comida en la boca, sin ensuciarse ni botar nada al piso, se adiestra en el refinamiento: “la cuchara se coge así, el tenedor asao”.  Pero para lograr esto, primero se tiene que ensuciar y esto es algo que tendemos a obviar.

 

Dificultades

A nosotras las mamás, Super Woman de profesión, nos cuesta ver el reguero sin pensar en las demás cosas que tenemos que hacer; nos resulta casi imposible disfrutar el cuarto de cucharadita por bocado, sin sentir que estamos perdiendo el tiempo mientras nuestro bebé aprende a comer. Y si a este estrés sumamos, las demandas de los demás miembros del grupo familiar y la ardua tarea de enseñar modales a la vez que atendemos todo e intentamos comer... Nos da el ataque. Lo que provoca es meter cuatro gritos y salir corriendo. Pero, no podemos, somos las mamás. Comienzan entonces las estrategias para intentar controlar la situación:

 

* Recurrimos al tetero: “Se lo enchufo y se toma la sopa y el jugo rapidito”
* Le damos de comer: “No hay tiempo que perder”.

 

La falta de tiempo para sentarse juntos a comer, bien por las actividades del colegio o por exceso de trabajo, y la eterna carrera contra el tiempo (“Apúrate, que...), son otros elementos que también dificultan el proceso de formación de buenos modales y hábitos de alimentación.

 

Sugerencias:

 

Para el mejor uso del tiempo.

  • Cocinar para varios días las preparaciones que llevan más tiempo.Reorganizar las actividades para disponer de al menos 20 minutos para comer.
  • Comer rápido y bajo estrés dificulta la ingesta consciente de los alimentos y su posterior digestión. Es sumamente importante enseñarles a nuestros hijos a respetar y a valorar el momento de la comida, pues es un acto que, junto a la respiración y el beber agua, nos mantiene con vida.
  • Tener todo listo y servido en la mesa al momento de comer. Así no será necesario pararse a buscar nada.
  • Involucrar a todos los miembros de la familia en las actividades que giran en torno a la comida.  Esto es, ayudar a poner y a quitar la mesa, guardar las cosas en la nevera, lavar los platos, cocinar, etc. Así, no sólo terminaremos más rápido, sino que a la vez podremos enseñar corresponsabilidad, trabajo en equipo y autosuficiencia (cuando sean grandes lo sabrán hacer).Respirar profundo y equilibrarnos internamente antes de servir la comida,  para poder asumirla con la mayor calma y alegría posibles. Olvídense del reloj, al menos por un rato.

 

Para enseñar modales:

  • Educar con el ejemplo.
  • Dejarlos comer solos, sin ayuda.  Si tienen hambre lo harán, además, rápidamente.
  • Modelar su conducta mientras comen.
  • Brindarles suficiente atención fuera de las comidas. Esto evitará que hablen y/o se paren constantemente durante la comida para llamar la atención.
  • Reforzar positivamente los logros alcanzados,  lo que los motivará a hacerlo mejor la próxima vez.
  • Paciencia. Aprenderán, igual que lo hicimos nosotros.

 

De todos modos, si a pesar de estos consejos en algún momento sienten que no van a poder,  recuerden esta sabia frase: “Hijo eres y padre serás”.  Ya les tocará.

 

¡Nos vemos en un próximo artículo!

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